Nadie esperaba que una pandemia asolara el planeta en nuestro siglo y que la economía se parara de golpe, que nos tuviésemos que encerrar en nuestros hogares o que la educación pasara a ser a distancia. Tanto es así, que todavía no sabemos con certeza cuándo podremos volver a la normalidad en las aulas. Pero, mientras tanto, tenemos tiempo para reflexionar sobre los diversos aspectos que sabemos que no funcionan en la época actual. Uno de ellos es el hecho de que un solo maestro se haga cargo de una veintena (o más) de alumnos. Para ofrecer una posible solución, resulta necesario analizar lo que tenemos actualmente en primera instancia. 

El modelo tradicional y/o estándar, que lleva alrededor de 120 años activo en nuestras sociedades, pretende que un solo profesional docente tenga a su cargo una clase repleta de niños con ganas de aprender. Se espera del docente que sea capaz de suscitar el interés y la motivación necesarios para que la educación sea un éxito. Además, debe formarlos para superar los exámenes estandarizados y que adquieran las distintas competencias que, desde la Unión Europea, instan a un aprendizaje basado en el desarrollo de las capacidades de cada uno. 

Si analizamos los distintos decretos de cada comunidad, así como el Real Decreto 126/2014 de 28 de febrero, que establece el currículo para la Educación Primaria en España, observaremos que se hace hincapié en la atención a la diversidad y a una educación personalizada. Ahora bien, ¿estamos consiguiendo ofrecer este tipo de educación? Lamentablemente, la respuesta es ‘no del todo’. 


Necesidad de una enseñanza cooperativa

En la actualidad, la docencia parece consistir en preparar las clases, darlas, evaluarlas y realizar un millar de trámites burocráticos para las administraciones y los centros. Exige para los maestros pasar muchas horas de trabajo en casa que no se tienen en cuenta y sirven para más bien poco (en términos de eficiencia). Si ese tiempo se destinara a la innovación y/o investigación educativa, ya fuera a nivel local (clase) o a nivel global (sistema), la escuela estaría evolucionando al ritmo de la sociedad. 

Actualmente el maestro se encuentra solo ante el ‘peligro’. Es decir, solo ante una veintena de cabezas pensantes que esperan con ansia que alguien les enseñe. Si durante el transcurso de las clases surgen problemas, dudas o conflictos, el maestro debe afrontarlos solo; si quiere organizar algo nuevo, algo innovador, para lo cual necesita la ayuda de alguien, no podrá; si surge la frustración, nervios o desesperación, deberá enfrentarse a todo ello de manera individual. ¿Qué pasaría si hubiera dos maestros en un mismo aula? 

Niños en clase levantan la mano para preguntar dudas

Basado en la docencia compartida

Por un lado, un modelo con dos maestros aporta otro punto de vista más. Como hemos señalado, el maestro en el modelo tradicional no encuentra un apoyo que le ayude a solventar las distintas problemáticas que se dan en el aula. En general, solo podrá intentar comentar sus necesidades en la sala de profesores, en el patio o a la salida. ¿Por qué no en el aula? El ejercicio de ‘repensar’ en materia de educación es fundamental y debería ser prioritario. Si reflexionamos sobre el aprendizaje cooperativo, podemos llegar a la enseñanza cooperativa, la cual podría definirse como ‘modelo de enseñanza-aprendizaje fundamentado en la docencia compartida’. Esto consistiría en que dos maestros trabajasen juntos de forma cooperativa con el objetivo de enseñar a una misma clase.

Bajo este replanteamiento, dos profesionales pueden encargarse de un aula de veinte o treinta alumnos, los cuales tienen estilos y ritmos diferentes porque es algo inherente a la especie humana. 

Para ilustrar este modelo, vamos a centrarnos en tres momentos de la práctica docente: programación y diseño de las clases, ejecución de la clase y evaluación y valoración de las clases. Vayamos uno por uno.


Programación y diseño de las clases

Realizar las programaciones anuales y/o didácticas resulta un trabajo tedioso y, en muchas ocasiones, sin perspectiva de éxito. Esto ocurre porque se nos insta a realizar una programación de aula para todo el curso. Dentro de ella, deben abordarse los temas de metodología del aula, la organización de la clase, la atención a la diversidad, la evaluación… Además, se debe presentar una temporalización para cada unidad de trabajo y deben estar enmarcadas dentro de cada trimestre. Pero, durante el curso, la situación nunca es estable. Son múltiples los factores que hacen que haya que improvisar o modificar lo programado como las salidas, actividades complementarias, enfermedades, entre otras.

Ante todo esto, un maestro debe abordar todo el trabajo de forma autónoma e individual, lo que supone trabajar muchas más horas fuera del centro. Dos maestros que trabajen en la programación y diseño de las clases lo harán con dos puntos de vista individuales pero enfocados hacia un mismo objetivo: atender a todos por igual. Podrán trabajar en común para diseñar esa programación anual. Cada uno aportará sus ideas y comentará y reflexionará sobre las de su compañero. Se producirá así una revisión simultánea del trabajo de ambos y conseguirán enfocar mucho mejor su enseñanza cooperativa. A esto debemos sumarle la capacidad creativa y de trabajo que aumenta al trabajar en equipo. 


Ejecución de las clases

Otra ventaja de la enseñanza cooperativa es que, durante el desarrollo de las clases, si un alumno tiene dudas será atendido con mayor inmediatez. Así, las necesidades serán detectadas al momento, atendidas con mayor individualidad y mayor rigor educativo como requiere la ley. Si, por ejemplo, organizamos nuestra clase fundamentándonos en el aprendizaje cooperativo y tenemos a nuestros alumnos divididos en grupos de cuatro, al tener un maestro, este podrá ir pasando de grupo en grupo para atender las posibles dificultades de cuatro de sus alumnos. 

Si a este planteamiento, que ya supone un cambio gigantesco de la metodología tradicional, le añadimos una figura docente más, supondrá la atención del doble de alumnos. La eficacia docente será mucho mayor, ya que el tiempo de respuesta se duplicará y las posibilidades de trabajo real en el aula serán mayores. 


Evaluación y valoración de las clases

Evaluación y valoracion de clases enseñanza cooperativa

La tarea de evaluar y valorar el proceso de enseñanza-aprendizaje es fundamental. Dejando a un lado el tedioso trabajo de establecer calificaciones estandarizadas y porcentajes en cuanto a la capacidad de retención de los alumnos, si nos centramos en detectar las dificultades de cada alumno en particular y ofrecer una solución para que las supere, este modelo de dos maestros puede resultar altamente beneficioso.

Por un lado, dividir el trabajo en dos partes resultará un ahorro de tiempo. Además, siguiendo con la dualidad de puntos de vista, cuatro ojos ven más que dos. Un maestro que trabaja en solitario puede no percatarse de los posibles problemas de cada uno de sus alumnos, porque no tiene la capacidad para ello, ni el tiempo, ni los medios. 

Por otro lado, no debemos centrarnos solo en la evaluación de los alumnos. La autoevaluación docente es necesaria para saber si la programación y el diseño planteado está siendo efectivo, tiene cauces de mejora o está condenado al fracaso. La retroalimentación que se genera con esta docencia compartida puede hacer que la evaluación sea real y tenga en cuenta el proceso más que el resultado. Si queremos ser aún más certeros en el disparo, si este proceso mejora quizás también mejoren los resultados académicos tan valorados. 


Sistema de acceso a la docencia

Otro aspecto a valorar de este replanteamiento puede ser el acceso al trabajo como maestros. El proceso selectivo está conformado por una interminable lista de interinos por cada comunidad autónoma que pasan meses, o incluso años, sin poder estar realmente en un centro educativo. El proceso de baremación resulta ser un caos que hace que una persona que saque buena nota, pero no tenga puntos de experiencia se quede sin oportunidad durante todo un curso, sino más. Si replanteamos la organización de las clases, quizás podamos mejorar también esa lista que, lamentablemente, cada vez es mayor.

Para su implementación real, quizás haya que empezar estableciendo un maestro titular y otro de apoyo. Puede que uno tenga que ser de prácticas si no ha tenido la oportunidad de estar previamente en un centro. Esto requerirá una organización y un planteamiento a nivel del Gobierno y del Ministerio de Educación, pero debe valorarse como una opción factible en la escuela. Personalmente, la considero necesaria en todos los niveles. 

En definitiva, si valoramos los pros y contras de la enseñanza cooperativa, no encontramos una negativa al intento. Llevamos demasiados años bajo el supuesto ‘cambio educativo’. Quizás necesitábamos un empujón a nivel socioeconómico.