El término danés ‘Hygge’ (pronunciado ‘hu-ga’) hace referencia al sentimiento de plenitud que nos produce estar en un entorno acogedor, en calma, y que nos transporta directamente a la calidez del hogar. De acuerdo con sus premisas filosóficas, para conseguir esta sensación es necesario dotar de importancia a los pequeños placeres de la vida. Así, andar descalzos, preparar galletas y tomarlas con una taza de leche caliente, rodearse de naturaleza o leer un libro en un rincón especial son algunas de las experiencias que nos pueden acercar a esta manera de ver la vida. 

Aula Filosofía Hygge

Esta corriente filosófica ha ganado una gran influencia en el mundo de la psicología y el coaching, extendiéndose también como el eje filosófico central de múltiples programas escolares y académicos. Los resultados de su aplicación en las aulas pueden apreciarse desde el primer instante: su efecto es muy positivo en la salud mental y emocional de alumnos, familias y docentes, quienes dicen sentirse más conectados consigo mismos y con los demás tras experimentar esta práctica vital y educativa. Trasladarla al mundo educativo nos permitirá inspirar a alumnos y familias a aprender y desarrollarse en el mejor de los escenarios y conseguir importantes objetivos de organización familiar.

Las aulas Hygge

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Con el fin de conseguir este efecto feliz y en calma en las aulas, cada vez son más los docentes de todo el mundo que tratan de implementar este ambiente íntimo, de seguridad y sosiego. De hecho, los profesores de distintas escuelas en Estados Unidos y Reino Unido que han aplicado las premisas Hygge a su docencia afirman que los alumnos aprenden mejor, se concentran más, viven más felices su día a día en el colegio y participan con mayor entusiasmo en las actividades propuestas. Pero, ¿cómo puede el docente conseguir este efecto a través de la decoración y la elección de recursos y materiales? ¿Qué normas necesita seguir para alcanzar esta inspiración en su alumnado? Para poder aplicar estas premisas en el terreno educativo, se deben seguir determinadas dinámicas fundamentales como las que se explican a continuación.

Iluminación suave

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Las velas, las guirnaldas de luces y la iluminación natural o puntos de luz cálida son opciones clave en la búsqueda de la armonía y la tranquilidad a través de la luz. En este sentido, la iluminación que recuerda al hogar, a las tardes de invierno frente a la chimenea o a los días de lluvia es la más empleada en un aula Hygge. Los aromas también resultan una opción adecuada si queremos que el alumnado recuerde una experiencia especial.

Decoración sencilla

Decoración Filosofía Hygge

Los elementos decorativos deben ser sencillos y neutros para invitar a la reflexión y a la calma. Se pueden enmarcar mensajes, citas o palabras concretas con el fin de resaltar alguna enseñanza o moraleja y complementarlos con elementos naturales, como plantas colgantes o en pequeñas macetas en estantes. 

Naturaleza viva

Es posible convertir el aula en un lugar del que emane la sensación de naturaleza con tan solo colocar estratégicamente una planta colgada del techo o sobre estanterías y mesas. Asimismo, actividades como la plantación de semillas, la creación de marcapáginas naturales o la elaboración de estampados florales en papel para decorar las paredes o las ventanas son grandes recursos didácticos para aplicar la filosofía Hygge. 

Rincones de lectura

Rincón Lectura Filosofía Hygge

Otra premisa es dedicar determinados espacios en los que se favorezca la lectura individual o grupal. Estos permiten al alumnado dedicar toda su atención al libro y reflexionar. Es fundamental que existan rincones especiales que enfaticen el amor hacia la literatura y permitan la selección voluntaria de obras desde estanterías que estén al alcance de todos. 

Comodidad

Los espacios Hygge son espacios en los que prima la comodidad. Por ese motivo, es necesario facilitar que el alumnado se descalce y se sienta como en su hogar. En lo que respecta a ir descalzos en clase, investigadores de la Universidad de Bournemouth (Reino Unido) han descubierto que aquellos estudiantes que lo hacen no solo aprenden mejor, sino que se comportan mejor, siendo su actitud más relajada y tranquila y, por tanto, facilitadora del aprendizaje. 

Vivencias únicas

Ya sea para elaborar un bizcocho o para conversar sobre un aspecto concreto, leer un cuento o elaborar una pieza de arte, la importancia del tiempo empleado con los alumnos es máxima cuando lo que pretendemos es enseñarles aspectos fundamentales para su desarrollo emocional y su crecimiento personal. De esta forma, todas esas experiencias esenciales se convertirán en aprendizajes inolvidables si el tiempo vivido es de calidad.