Apunta estas recetas que unen cocina y ciencia. ¡Son ideales para niños!
Les ayudan a descubrir principios científicos y matemáticos mientras disfrutan cocinando (y comiendo sus elaboraciones).
Les ayudan a descubrir principios científicos y matemáticos mientras disfrutan cocinando (y comiendo sus elaboraciones).
La cocina es una forma práctica y visual de que los niños aprendan: medir, pesar, observar reacciones o seguir pasos secuenciales son acciones que permiten introducir conceptos relacionados con la ciencia o las matemáticas sin que sientan que están estudiando. A continuación, recogemos cinco recetas científicas para niños. ¡Son muy fáciles de hacer!
Índice de contenido:
Preparar galletas con formas geométricas como círculos, triángulos o cuadrados ayuda a reforzar conocimientos de geometría, simetría y medidas. Para hacer la masa hay que mezclar 250 g de harina, 125 g de mantequilla, 100 g de azúcar y 1 huevo. Después, se estira y se corta con moldes o a mano usando una plantilla. Tras hornear (unos 12 minutos a 180 °C) se pueden agrupar por tamaños, comparar formas o combinarlas para construir figuras más complejas.
Esta receta explora conceptos como la diferencia de densidad entre capas y el tiempo de solidificación. Se disuelven para ello varios sobres de gelatina de distintos sabores (y colores) en agua caliente por separado. Una vez que la primera capa se ha vertido en un recipiente y ha cuajado en la nevera (unos 30-60 minutos), se añaden las siguientes hasta formar un arcoiris.
Hacer pan permite observar cómo las levaduras vivas transforman la mezcla de harina y agua mediante la fermentación, liberando dióxido de carbono y haciendo que la masa crezca. Basta con mezclar 500 g de harina, 300 ml de agua templada, 10 g de levadura fresca y una pizca de sal; amasar, y dejar reposar en un lugar cálido hasta que duplique su tamaño. Al hornear, se puede comparar el volumen y la textura, relacionándolo con la actividad biológica de estos microorganismos.
Elaborar yogur casero es una forma sencilla de entender la fermentación y el papel de las bacterias beneficiosas. Solo se necesita calentar leche sin que llegue a hervir, dejarla enfriar hasta unos 45 °C y mezclarla con un yogur natural con fermentos vivos. Luego se tapa y se deja reposar en un lugar cálido entre 6 y 12 horas hasta que espese. Finalmente, se enfría en la nevera para mejorar la textura.

Experimentar con la disolución, la fusión y la solidificación del azúcar es posible haciendo piruletas. Para prepararlas, se mezclan 200 g de azúcar, 120 ml de agua y 310 g de jarabe de maíz en un cazo a fuego medio-alto, removiendo hasta que el azúcar se disuelva. Con la ayuda de un termómetro, se deja cocer sin remover hasta que alcance los 149 °C. Por último, se retira del fuego y, cuando deje de burbujear, se incorporan el colorante alimentario y el aroma. Se vierte la mezcla caliente en moldes con palitos colocados y se deja enfriar.