Imagina la escena. El zumbido de una impresora 3D acompaña a un grupo de estudiantes que ultiman las líneas de código para programar un robot. A pocos metros, la luz de la cortadora láser dibuja las piezas de un prototipo mecánico, mientras que en la mesa de al lado, dos estudiantes ensamblan una prótesis con la forma de una mano que han construido a muy bajo coste. Todas estas experiencias, cuanto menos sorprendentes, se desarrollan en una misma sala gracias a un innovador entorno: el de los FabLabs, laboratorios de fabricación digital que están transformando la manera de enseñar y de aprender.

Muy populares en Estados Unidos, son cada vez más habituales en las universidades españolas y, poco a poco, están aterrizando también en centros de Educación Secundaria y Formación Profesional.

FabLabs

¿Markerspace o Fablab?

Su planteamiento recuerda mucho al de los makerspaces, ya que ambos fomentan la creatividad, el aprendizaje práctico y el intercambio de conocimientos. Pero bajo esa apariencia común, también existen ciertas particularidades. “A nivel de herramientas, máquinas o enfoque colaborativo de fabricación no existen diferencias significativas. La distinción radica principalmente en el origen de los términos”, explica Andrés Sanz, fundador y coordinador del FabLab de la Universidad de Salamanca. Así, mientras los makerspaces surgieron en la efervescente cultura hacker californiana de los años 90 como espacios comunitarios donde entusiastas de la tecnología aprendían y compartían bajo la premisa del ‘hazlo tú mismo’, los FabLabs tienen una base académica y educativa más formal.

Originarios del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), forman parte de una red global (www.fablabs. io) que exige cumplir ciertos criterios comunes y, al mismo tiempo, favorecer la cooperación entre sus miembros y la educación en tecnologías digitales avanzadas. “Se centran en la fabricación digital a pequeña escala, utilizando tecnologías y equipamiento como impresoras 3D, cortadoras láser y máquinas CNC que deben atender unos requisitos mínimos. Por este motivo, la red ofrece formación a través del programa Fab Academy para garantizar esos estándares comunes”, comparte José Luis García, subdirector de El Altillo International School en Jerez de la Frontera (Cádiz) y responsable del FabLab Jerez. Por eso, todos los FabLabs son makerspaces —de hecho, algunos están instalados dentro de estos espacios—, pero no al revés. 

Gran potencial

Cada proyecto que se lleva a cabo en uno de estos laboratorios posee un gran valor educativo porque, en ellos, los estudiantes experimentan, investigan y prueban diferentes ideas. Además, como apuntan numerosos estudios, descubrir cosas nuevas estimula su curiosidad y capacidad inventiva. Y como tienen la oportunidad de trabajar en equipo y enfrentarse a retos, fortalecen su pensamiento crítico, convirtiendo el aprendizaje en un proceso más reflexivo y estimulante. “Es el lugar ideal para aplicar el aprendizaje basado en proyectos y fomentar la creatividad y la capacidad para afrontar desafíos. A nivel educativo, aporta algo de lo que muchas veces carecen los métodos tradicionales: la posibilidad de experimentar y aprender de los errores cometidos durante el proceso”, corrobora Jara Quintanilla, coordinadora del FabLab Uniléon de la Universidad de León.

Fablabs

Por otro lado, según las fuentes consultadas, estos espacios ayudan al alumnado a desarrollar habilidades clave para su futuro como la comunicación, la autonomía, la iniciativa personal, el aprendizaje autodirigido y el pensamiento crítico. “Es un cambio radical en la forma de enseñar y aprender.Los estudiantes no solo consumen conocimiento, lo construyen. Cuando programan un robot, imprimen una pieza en 3D o hacen un experimento con sensores, están aplicando matemáticas, física, lógica… pero de forma tangible y motivadora”, constata Dionisio Santidrian, responsable del Espacio Maker de La Estación de la Ciencia y la Tecnología de Burgos, donde está instalado el FabLab de la ciudad.

Este es un extracto del reportaje de En Portada publicado en el número 60 de la revista impresa. Si quieres leerlo al completo y conocer todo acerca de los FabLabs puedes suscribirte en nuestra tienda online. ¡!-- /wp:paragraph -->