Según la RAE, el diálogo es ‘una plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos’. Así, y si lo traspasamos al ámbito educativo, cuando dos estudiantes dialogan sobre un tema determinado pueden llegar a un acuerdo mediante la exposición de diferentes opiniones que también pueden verse rebatidas con argumentos. Similar en objetivos a los debates, con los que se persigue que el alumnado aprenda a hablar en público, transmita ideas, escuche al resto o defienda su opinión, el diálogo también resulta esencial para crear comunidad entre los estudiantes y fomentar el respeto entre ellos.

Pero, ¿cómo se puede impulsar el diálogo en clase? La publicación ‘Los elementos esenciales del diálogo. Guía y actividades para enseñar y practicar el diálogo con personas jóvenes’, perteneciente al programa educativo ‘Generation Global’ de la institución ‘Tony Blair Institute For Global Change’, está dirigida a estudiantes a partir de 13 años y en ella se ofrecen distintos recursos y actividades para llevarlo a la práctica. 

Actividades para fomentar el diálogo entre los estudiantes

La guía está formada por diez capítulos que, a su vez, se dividen en dos partes: una teórica y una práctica. Esta última está compuesta de diferentes actividades con las que aplicar los conocimientos ofrecidos. En la publicación se explican cuestiones como las habilidades que se necesitan para aprender a dialogar de forma correcta, cómo crear un espacio ‘seguro’ en el aula para desarrollar la conversación entre los estudiantes o de qué forma el docente puede mediar en el proceso dialogador. A continuación, y entre todas las actividades que se muestran, destacamos cinco de ellas para realizar en el aula.

Diálogo estudiantes
  • ¿Qué sucede cuando no escuchamos? Tiene como finalidad que los estudiantes aprendan el significado de la comunicación. Para ello, el docente les hará la siguiente pregunta: ‘¿qué sucede cuando no escuchamos?’. El alumnado, por parejas, tiene que ofrecer una serie de respuestas y luego cada miembro tiene que compartir las que considere las mejores opiniones de su compañero sobre el tema. 
  • Compartir ideas. También divididos en parejas, el docente vuelve a poner sobre la mesa una nueva pregunta para los estudiantes. Puede ser una cuestión reflexiva sobre todo lo que han aprendido en una clase anterior, por ejemplo. En este caso, además, se les indica el número de respuestas que tienen que pensar y se debe hacer uso de un temporizador que limite el tiempo de la actividad. Una vez proporcionado algo de tiempo previo para que piensen en las respuestas de manera individual, en la pareja se decide quién comenzará. Después, cada compañero, con ayuda del temporizador, tendrá un minuto para exponer sus respuestas. Cuando se acabe el tiempo, el alumno tiene que reflexionar y dialogar con su pareja sobre las respuestas de cada uno de ellos. El objetivo es que todos los estudiantes participen de forma activa y equilibrada, tanto los más habladores como los que sean más tímidos.
  • Reglas para dialogar. La finalidad es establecer entre todos, estudiantes y docente, las reglas o normas para dialogar de forma respetuosa en clase. La guía ofrece una serie de ejemplos de expresiones (página 19) como ‘Piensa antes de hablar’, ‘Solo una persona puede hablar a la vez’, ‘No interrumpas cuando alguien habla’, ‘Anima a todos a participar’… Estas normas se pueden anotar en un cartel grande para colgar en el aula o en una presentación digital para que el alumnado las consulte cuando quiera.
Ideas diálogo estudiantes
  • Cuidar el lenguaje. En esta actividad se trata de que el alumnado reflexione sobre cómo utiliza el lenguaje dependiendo del interlocutor que tiene delante. Para ello, hay que hacer uso de una hoja de trabajo que proporciona la guía (página 30), en la que se muestran una serie de tarjetas con roles con las que los estudiantes se relacionan habitualmente: el director o directora de la escuela, los abuelos, madre o padre, los docentes o una amiga de los abuelos, entre otros. Por otro lado, el docente apuntará algunos temas para dialogar: mi día en la escuela, qué hago para divertirme, mi libro favorito o el lugar que le gustaría visitar. 

De nuevo, divididos en parejas, cada uno elige varios roles. El compañero que comience también tiene que elegir uno de los temas junto a uno de los roles y tendrá que exponerlo a la pareja como si ésta fuera la persona de la tarjeta. Por ejemplo: si elige el tema ‘qué hago para divertirme’ y le toca el papel de director de escuela, el estudiante tiene que expresar cómo lo haría si tuviera delante al director o directora del colegio. Pueden repetirlo con dos o tres roles diferentes.

  • Escucha activa. Para fomentarla, en esta actividad hay varios ejercicios sencillos a realizar en grupos de tres estudiantes, siendo uno de ellos observador de la escena y anotando aquello que ha salido bien y mal. El primero de ellos es muy sencillo: uno de los alumnos comenta un párrafo breve y el compañero tiene que repetir, palabra por palabra, lo que ha dicho. En el segundo se trata de que uno de los compañeros parafrasee lo que ha dicho el otro alumno con sus propias palabras, pero que el mensaje siga siendo el mismo. En el tercer ejercicio hay que ir un paso más allá. Uno de los miembros de la pareja debe reproducir los gestos faciales, estado de ánimo e incluso mirada del compañero que ha dicho la oración o frase determinada. El que imita tiene que preguntar al imitado si ha reflejado todo lo que ‘sentía’ mientras hablaba. Si se cumple, la escucha activa habrá sido un éxito.