El 68,4 % de la población española mayor de catorce años lee libros y la mayoría lo hace por ocio y en su tiempo libre. Entre los géneros que prefieren los españoles, hay uno que no para de ganar popularidad: el del cómic y la novela gráfica. Según el informe ‘El mercado del libro en España’, de GfK, la venta de cómics y novelas gráficas creció un 10 % entre 2021 y 2022, hasta llegar a suponer un 8 % del total.

Una de las claves de los cómics y las novelas gráficas es el uso del impacto visual para llamar la atención del lector, dar voz a los personajes y compartir las experiencias de los protagonistas. Por ello, este formato se usa a menudo para construir el discurso de la memoria. Títulos como ‘Persépolis’ o ‘Maus’ son ejemplos de un subgénero que recupera la memoria histórica y que también tiene su representación en España. Para analizar este fenómeno, la investigadora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) Carmela Artime Omil ha abordado en su proyecto de tesis cómo contribuyen los cómics a formar la memoria histórica y cómo, gracias a su formato y sus características, en España consiguen ser un punto de conexión entre las personas que vivieron la guerra y la posguerra y las generaciones posteriores.

Una lectura que invita a la reflexión

La novela gráfica combina el lenguaje visual y el lenguaje escrito para contar historias. En este género se hace uso de todo tipo de recursos artísticos y literarios, desde ilustraciones hasta documentos, pasando por fotografías, historias corales o relatos en primera persona. Esto hace que muchos de sus títulos sean capaces de conectar al lector con los personajes y resulten muy eficientes para construir un discurso memorístico con intención de denuncia.

"La parte gráfica del cómic es muy útil para enfrentar al lector con ciertas imágenes y acontecimientos del pasado", explica Carmela Artime Omil, autora del trabajo de tesis ‘Memory construction in the contemporary graphic novels (2005-2015): the Spanish Civil War and its aftermath’. "Algunas novelas gráficas usan el impacto visual para llamar la atención del lector, al que incluso parece que le quieren provocar una reacción", apunta Artime.

Novelas Gráficas Memoria Histórica

Un ejemplo es ‘El arte de volar’, que pone en primer plano cuerpos demacrados como símbolo del sufrimiento en el exilio y como denuncia del abandono por parte de las autoridades francesas. Otro es ‘Cuerda de presas’, que muestra mujeres torturadas en sus partes íntimas y violadas por sus carceleros para explicar cómo se convierte el cuerpo femenino en un espacio de lucha y una vía de castigo.

El lenguaje del cómic favorece, además, un estilo de lectura reflexivo que invita a centrarse en los elementos gráficos para completar la comprensión de la historia. "Poder volver atrás y cerciorarse de algo a través de otro estímulo que no sean las palabras es un activo del lenguaje del cómic", señala Artime. "Esta reflexión puede llevar el tiempo que necesite el lector, que puede moverse por la página con cierta agilidad o detenerse a mirar una ilustración y analizarla con más detenimiento", añade.

Otra ventaja de las novelas gráficas a la hora de hacer una narrativa histórica es su capacidad de aunar dos aspectos: la ficción y la realidad. Muchos títulos incluyen documentos reales (como fotos familiares o cartas), hacen referencia a acontecimientos históricos o mencionan el proceso de documentación que siguió el autor, lo que ayuda a trasladar la experiencia personal de los protagonistas al presente.

La narración de la Guerra Civil Española

Una de las principales conclusiones del trabajo de Artime es que las novelas gráficas españolas contemporáneas son altamente políticas y tienen una clara intención de denuncia. "Lo que observamos en ellas es una necesidad de volver a contar la historia, de reflexionar, de celebrar y de poner sobre la mesa las vidas de aquellos que vivieron la guerra y la posguerra en primera persona. Podemos ver una clara intención política, de denuncia y de demanda", explica. "Muchas de estas novelas ensalzan historias personales y dejan que sea el personaje quien cuente la historia. Gracias a todo esto, los cómics ponen las voces y los cuerpos de los personajes en el centro, en un contexto en el que la recuperación de los cuerpos de los desaparecidos es una parte esencial de la discusión sobre la memoria", añade. 

De este modo, las novelas gráficas buscan la materialización de los protagonistas. La forma más evidente, señala Artime, es la asimilación de las vivencias de los participantes. "Es el caso del narrador de ‘El arte de volar’, que abraza al personaje de su padre y fusiona ambas voces en una sola. Por otro lado, el uso y la reproducción de objetos personales como cartas, fotografías, notas privadas y diarios también ayuda a rememorar y a traer experiencias pasadas al presente", ejemplifica la investigadora de la UOC.

Otra de las conclusiones de su trabajo es que las novelas contemporáneas evidencian un cambio en el discurso de la memoria. Los títulos escritos por la generación de los hijos de los protagonistas estaban marcados por el dolor personal. Sin embargo, los actuales, escritos ya por la generación de sus nietos, imponen su propio discurso político y sus expectativas a la historia.

Un formato para divulgar, concienciar y educar

En los últimos años, las novelas gráficas y el cómic han ganado relevancia como herramienta de divulgación y educación. La aparente simplicidad de su formato facilita que el público se acerque a la lectura y ayuda a transmitir historias y conceptos complejos.

"El cómic se usa cada vez más en aulas de todas las especialidades, pero creo que podría explotarse mucho más", señala Artime. "Puede ayudar a desarrollar la creatividad, la comprensión lectora de los alumnos y el gusto por la lectura. Además, existe un corpus de cómics tan extenso, que trata temas tan diversos, que convierte este género en un buen instrumento para las aulas y para invitar a la reflexión en cualquier campo".

La lista de novelas que reflexionan sobre la memoria y la memoria histórica es extensa. Entre las referencias más conocidas y relevantes en todo el mundo, Artime destaca ‘Maus’, de Art Spiegelman; ‘Persépolis’, de Marjane Satrapi, o los trabajos de Guy Deslisle o Joe Sacco. "Además de esos trabajos, que son más conocidos, suelo recomendar ‘The Boxer’, de Reinhard Kleist, o ‘Fatherland’, de Nina Bunjevac", señala la investigadora de la UOC.
En cuanto a cómic en español, como referencia de la narrativa gráfica sobre la Guerra Civil, la investigadora recomienda ‘Cuerda de presas’, ‘El arte de volar’, ‘Los surcos del azar’ o el trabajo de Pablo Uriel. "Pero, sin duda, el mayor referente dentro del cómic de memoria es Carlos Giménez, autor de ‘Paracuellos y 36-39 Malos tiempos’. Muchas de las imágenes de las novelas gráficas contemporáneas sobre la Guerra Civil parecen herederas del grafismo de Giménez, que usaba la historieta para denunciar y expresar sus opiniones", explica Artime.