¿Hay igualdad de género en las aulas españolas? ¿Se trata diferente a niños y niñas? ¿Hay estereotipos que deriven en la elección de una carrera? Estas son algunas de las preguntas que se hizo un grupo de investigadores del grupo Género y TIC (GenTIC), del Internet Interdisciplinary Institute (IN3) de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Encabezados por Milagros Sáinz Ibáñez, se lanzaron a investigar en las aulas de Secundaria; un trabajo del que surgió el estudio Secondary School Teachers’ Views of Gender Differences in School Achievement and Study Choices in Spain, publicado en Sage Open y realizado junto con Sergi Fàbregues, también de GenTIC, y Jordi Solé, investigador líder del grupo Laboratorio de Educación Social, ambos profesores de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, así como con Sara García-Cuesta, investigadora de la Universidad de La Laguna.

El objetivo no era otro que «constatar, de forma empírica, en qué medida una parte del profesorado de Secundaria sigue teniendo actitudes sexistas respecto a los logros académicos diferenciales entre hombres y mujeres y la elección de estudios», explica Sáinz Ibáñez, que destaca sobre sus conclusiones que “de las alumnas se espera más esfuerzo, mejor rendimiento académico y un comportamiento más positivo. En cambio, con los alumnos se es más permisivo y se espera menos de ellos, lo que desanima a muchos a ser buenos académicamente”.

Transmisión cultural

Otros expertos coinciden: hay igualdad de género en la educación entre niños y niñas, es decir, tienen acceso a la misma formación y oportunidades, pero sigue habiendo aspectos en los que se perciben claras diferencias. “La igualdad formal la tenemos. Niñas y niños van a las escuelas y reciben la misma formación, las mujeres acceden a la universidad en un porcentaje mayor al de los hombres, la tasa de abandono escolar también es mayor en los hombres que en las mujeres y, a pesar de esos datos, sigue sin haber igualdad real. Esto se debe, principalmente, a lo que se denomina ‘patriarcado de consentimiento’: a todo lo que se transmite culturalmente a través del género y los estereotipos”, constatan desde Docentes Feministas por la Coeducación.

desigualdad género secundaria

En este sentido, Sainz destaca que precisamente muchas de estas actitudes son inconscientes, basadas en prejuicios, pero que condicionan, en gran medida, la trayectoria profesional del alumnado. «Curiosamente, los docentes del estudio explicaban las buenas notas de algunos chicos en términos de su gran capacidad intelectual, pero no hacían ninguna referencia al esfuerzo. En cambio, para explicar las buenas notas o el mejor rendimiento de las chicas, se hacía referencia al esfuerzo que estas tienen que llevar a cabo porque son más trabajadoras y están mejor adaptadas al sistema educativo en comparación con sus compañeros chicos», indica la investigadora.

Además, el estudio desvela que, en general, se tiende a esperar menos de los chicos que de las chicas. Además, si un chico se lleva de manera disruptiva en el aula, el profesorado suele ser más permisivo con esta conducta porque se justifica que muchos chicos son despistados o inmaduros. Sin embargo, cuando una chica no tiene un buen rendimiento académico y presenta un mal comportamiento o una mala actitud en clase, es doblemente sancionada.

“Aquí entra en juego el factor inconsciente, aquel que viene dado por la educación que los propios docentes han recibido y que, a veces, se traduce en pequeños detalles como el tono severo en la voz o la condescendencia a la hora de sancionar una falta dependiendo de si se trata de un niño o una niña. En ocasiones seguimos utilizando esos roles de género que arrastramos desde el pasado”, afirma Ana María Rico Benavides, profesora de Educación Plástica y Visual, Artes Visuales y Dibujo Técnico y coordinadora del departamento de Culturas y Ed. Física del Colegio Base (Madrid).

¿Influyen los profesores en la brecha de género?

El profesorado consultado en el estudio considera que su docencia no influye en la brecha de género en la elección de estudios. La atribuye a otros factores, como por ejemplo al papel de las familias o los medios de comunicación.

En ello, según fuentes consultadas, también influyen otros estereotipos asociados a la educación, como los que llevan a que tanto niños como niñas piensen que los hombres están más dotados para desempeñar materias como robótica y programación. Así lo corroboró precisamente un estudio realizado con niños y niñas de seis años en la Universidad de Washington, que concluía que la consecuencia de este prejuicio es una disminución en la motivación femenina por las carreras y materias STEM.

Aquí además entra en juego la falta de referentes. “Las niñas apenas van a tener ejemplos de mujeres que han hecho aportaciones a la sociedad, ya que esas mujeres o bien están invisibilizadas y han sido borradas de la historia, por lo que su nombre no ha trascendido; o bien no están porque estaban ocupándose de la casa y la crianza. La historia de las mujeres se tiene que contar en las aulas y es prioritario investigar para rescatar a todas las mujeres que han influido en nuestra sociedad, de muchas maneras diferentes”, concluye Iria Marañón, editora, escritora y activista feminista.