La pandemia actual ha llevado a la sociedad a adaptarse a una nueva realidad en los más diversos ámbitos: desde cómo nos relacionamos a cómo trabajamos o estudiamos. Y es que, sin duda, el sector educativo ha sido uno de los que más ha tenido que modificar sus esquemas para garantizar una educación de calidad, sin poner en riesgo la salud y el bienestar de los miembros de la comunidad educativa. 

Una de las medidas implantadas en numerosos centros educativos ha sido poner en marcha la modalidad semipresencial desde 3º de ESO en adelante con el claro objetivo de bajar la ratio de las aulas y garantizar la distancia mínima de seguridad. De este modo, las clases se suelen dividir en dos grupos: mientras que unos asisten físicamente al centro escolar, otros lo hacen de forma online desde casa a través de un dispositivo electrónico. 


Beneficios: mayor seguridad, autonomía, organización…

Además del lógico beneficio en materia de seguridad sanitaria, este modelo posibilita una atención más personalizada de los alumnos que asisten físicamente al centro por parte de los docentes. El resto de la clase sigue las explicaciones desde sus hogares de forma telemática, algo que, para algunos profesores, tiene beneficios adicionales como la mejora de la capacidad de organización del alumnado. “También se fomenta una mayor autonomía y responsabilidad, ya que tienen que estar más pendientes de sus tareas”, explica Manuel Jesús Fernández Naranjo, profesor de Geografía e Historia de Secundaria en el IES Virgen del Castillo (Sevilla). 

Por otro lado, los alumnos desarrollan además ciertas habilidades que les serán muy útiles en un futuro, tanto académico como laboral. Por ejemplo, al tener que trabajar desde casa y de forma autónoma, aprenden a buscar y valorar qué información les resulta relevante y a trabajar en equipo con el resto de sus compañeros a través de las herramientas de las que disponen en la Red. En este sentido, algunos expertos creen que con la modalidad semipresencial lo que se consigue es favorecer la colaboración, el debate o la reflexión y la competencia digital de los alumnos. 

Aula híbrida en el Colegio Base - modalidad semipresencial

Para que el modelo semipresencial funcione correctamente es preciso que el centro disponga de una infraestructura tecnológica adecuada y que, lógicamente, el alumnado cuente con los equipos necesarios en sus hogares. Un ejemplo de éxito lo encontramos en el Colegio Base (La Moraleja, Madrid), cuyas aulas están equipadas desde el inicio del curso con cámaras PTC.

Estas cámaras de vídeo cuentan con un zoom inteligente y compensan la luz de fondo para una mayor calidad de imagen. Con ellas, es posible impartir clase presencial y online al mismo tiempo: los estudiantes desde sus casas ven al profesor y siguen la presentación que esté proyectando, pudiendo ver tanto lo que se muestra en la pantalla o pizarra física del aula o en la pantalla digital disponible en la plataforma a través de la cual conectan. 


Sombras: falta de recursos, mala conexión, cansancio…  

Pero no todos los centros ni familias cuentan con estos recursos. De hecho, en muchos de ellos son los propios estudiantes que asisten físicamente los que se turnan para transmitir con sus smartphones o tabletas las explicaciones del profesor en tiempo real a los compañeros que permanecen en sus domicilios, con los problemas técnicos (calidad de imagen y sonido especialmente) y de concentración que esto provoca: los alumnos que permanecen en casa terminan teniendo numerosos problemas para seguir el funcionamiento habitual de la clase y algunos terminan exhaustos después de varias horas delante de la pantalla. 

Además, “debemos conocer que los alumnos no eligen un escenario u otro y que estos no se mantienen fijos, sino que van rotando debido en gran parte a condiciones externas”, recuerda Jorge Calvo, asesor, formador en tecnología educativa, profesor y director de proyectos educativos en European Valley. Del mismo modo, señala que los alumnos pasan de un escenario presencial a otro online “en menos de dos días” y ello implica cambios de ritmo en su aprendizaje, acentuados aún más cuando ese cambio de escenario lo hace un alumno en particular o grupos reducidos de esa aula.

modelo educativo semipresencial

Por otro lado, no todos los estudiantes que se quedan en casa disponen siempre de un dispositivo, una conexión fiable a Internet o de un espacio adecuado para el estudio en casa. “No es habitual que cada alumno tenga un dispositivo personal dentro de una familia de varios hermanos y, además, es frecuente que tengan programadas clases telemáticas al mismo tiempo”, explica Elías Gómez, profesor de Lengua Castellana y Literatura y jefe de estudios del IES Enrique Nieto (Melilla). Y a esto hay que añadir las dificultades que surgen a la hora de resolver dudas o atender al alumnado con necesidades educativas especiales. “Se reduce muchísimo la retroalimentación entre el profesor y alumno, y es casi imposible ir solucionando dudas a medida que van surgiendo”, zanja Gómez. 

Y es que, a pesar de que algunos profesores citan el fomento de la capacidad de organización de los alumnos como un aspecto positivo del modelo semipresencial, lo cierto es que esa organización puede acabar siendo un reto, y no solo para ellos. El docente se ve obligado a plantear tareas para los que están en el aula y otras para los que están en casa; y, por su parte, el alumno puede acabar recibiendo una ‘lluvia’ de actividades distintas a lo largo de la semana. De hecho, en esta etapa educativa los jóvenes aún están aprendiendo a gestionarse el tiempo para estudiar. “Desde los 11 hasta los 18 años es fundamental la organización temporal de los estudios y tareas, que a una edad tan temprana es muy difícil que los jóvenes puedan lograr por sí solos”, explica Gómez (IES Enrique Nieto).

En su centro, todos los docentes cuentan con equipos informáticos con cámara y micrófono y además tienen acceso a la plataforma SED (Sistema Educativo Digital) desde la que se puede establecer conexión con el alumnado, subir trabajos o tareas y compartir un calendario de organización. Sin embargo, todo esto, aunque facilita las clases online, no deja de ser una alternativa a modo de parche. Las clases presenciales siguen siendo la primera opción por varios motivos: “la interacción es menor, se producen fallos técnicos con la conexión y, para el profesor, es difícil estar pendiente de 15 caras en una pantalla y otras 15 en el aula”, zanja Gómez. 

Para Calvo, el aprendizaje híbrido o el escenario mixto “es, sin duda, la situación más complicada a la que se enfrenta un docente en el aula” y esto se debe a que se ve obligado a gestionar estos dos escenarios, lo cual exige de una alta competencia y seguridad digital.


¿Y las familias qué opinan del modelo educativo semipresencial? 

La implantación de este modelo ha derivado en numerosas quejas por parte de las familias. Como explica Leticia Cardenal, presidenta de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (CEAPA): “El modelo semipresencial está creando muchas desigualdades entre el alumnado de diferentes comunidades autónomas”. 

Esta brecha digital va más allá del equipamiento: algunas familias no cuentan con los conocimientos tecnológicos básicos para poder acompañar y ayudar a los jóvenes en su formación online o a distancia. “Hay alumnos que lo están pasando regular, ya que no todo es un ordenador, y familias que no tienen los conocimientos suficientes para acompañar a sus hijos en ese aprendizaje desde casa”, añade. 

Además, la sensación general es que sus hijos no están recibiendo una verdadera atención educativa. Tanto es así que, en Madrid, la Federación de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado Francisco Giner de los Ríos ha trasladado esta queja al Defensor del Pueblo, preocupada especialmente por los estudiantes de FP. Este organismo insiste en que los cursos de Formación Profesional son “el eslabón más débil de la cadena” y creen que con esta medida se está abocando al alumnado a tener una formación “parcial e inadecuada” si no dota de recursos humanos suficientes y se asegura la modalidad presencial. 

Por su parte, la Confederación Estatal de Asociaciones de Estudiantes (CANAE) ha publicado un documento en el que recoge ideas, propuestas y prioridades para mejorar este sistema híbrido. Según los estudiantes, es prioritario realizar los esfuerzos necesarios para que la enseñanza sea presencial o evitar al máximo las clases online así como garantizar que todos los estudiantes tengan las mismas oportunidades y acceso a los dispositivos y herramientas necesarias para las clases telemáticas.