Ecosistemas de aprendizaje como vía hacia la igualdad de oportunidades

Conectar los distintos agentes educativos a nivel local (centros, familias, instituciones…) reporta numerosos beneficios y aumenta la igualdad de oportunidades. Para que la estrategia tenga éxito, la coordinación y las ayudas económicas son necesarias, pero no suficientes.

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ecosistemas de aprendizaje

Supone una de las pocas certezas en un mundo de verdades esquivas: el mayor enemigo de la igualdad de oportunidades en educación es el timbre que marca el final de la jornada. Cuando suena, se dilata la brecha que aleja a los alumnos más afortunados de aquellos con menos suerte. Lo han repetido hasta la saciedad pedagogos clásicos como Lorenzo Milani. Lo certifican mil y un informes que sitúan el contexto socioeconómico del alumno en el epicentro del éxito o el fracaso. Tardes, fines de semana, vacaciones. Tiempos de enorme peso específico que suelen inclinar la balanza.

Todos conectados

Últimamente tan en boga, los ecosistemas de aprendizaje —entendidos como la conexión de distintos agentes educativos a nivel local— pueden contribuir sobremanera a espolear a los que más lo necesitan. “La educación fuera del sistema reglado permite adquirir competencias fundamentales, pero suele estar al servicio de una parte de la población. La escuela no puede ni debe luchar sola contra la desigualdad. Cuando se alinean varios agentes, aumentan las oportunidades”, asegura Fathia Benhammou, directora de Educació 360, un programa de apoyo a ecosistemas de aprendizaje en el que colaboran la Fundació Jaume Bofill y la Diputación de Barcelona. 

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Una estrategia habitual pasa por unificar las actividades extraescolares de los colegios e institutos de un barrio o municipio en una oferta conjunta de libre acceso. Así se optimizan recursos mientras se amplía el surtido de opciones para los chavales matriculados en la zona, sin importar a qué centro acuden. “Más allá de fútbol o inglés, cada centro individualmente no cuenta con una demanda viable que permita ofertar, por ejemplo, ajedrez o patinaje”, explica María José Medina, concejala de Educación en Santomera (Murcia).

El ayuntamiento de la localidad murciana —cuya acción educativa se coordina desde el paraguas ‘ciudad educadora’ subvenciona algunas extraescolares entre las rentas más bajas. También dispone de iniciativas sin coste sobre mediación familiar/escolar o inteligencia emocional. Y reserva plazas gratuitas (sin límite de edad) en sus talleres de pintura, manualidades o yoga.

Las barreras

Benhammou admite que las barreras económicas frenan el acceso a la formación y el ocio sano en horario no lectivo. “Apostamos por un nuevo derecho educativo que tenga en cuenta la ampliación de oportunidades educativas de calidad”, dice. No en vano, Educació 360 contribuye a la financiación de un buen número de proyectos en Cataluña. En ocasiones ayudando a tejer tupidas redes de colaboración entre centros y otras entidades locales como bibliotecas o escuelas de música.

Pero las becas y ayudas, siendo necesarias, no son siempre suficientes para enganchar a las familias de entornos desfavorecidos. “Existen barreras culturales que impiden pensar en el tiempo fuera de clase como un tiempo educativo”, explica. Por eso, el programa no escatima esfuerzos en labores de concienciación —diseñadas también con una dimensión integradora— que suelen poner el foco en colectivos inmigrantes.  

Medina, por su parte, reconoce que avanzar hacia una visión colectiva de la educación en Santomera ha requerido abordar primero cuestiones más prosaicas, amén de mucha pedagogía. Tras crear hace unos años un foro de AMPAs, su concejalía realizó “una inversión bestial en infraestructuras”. Sólo entonces pudo el debate alcanzar miras más altas. “La única forma de hablar de educación como municipio, con un sentido de comunidad, es que no monopolicen la atención la valla, el bordillo o el grifo que gotea”, constata.  

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