El Ministerio de Educación y Formación Profesional (MEFP) ha enviado a las Consejerías de todas las Comunidades Autónomas el primer borrador de la LOMLOE, en el que se establecen las claves para la implantación de esta nueva ley educativa. En él se plantea una transformación del sistema con el objetivo principal, según su preámbulo, de asentar “un renovado ordenamiento legal que aumente las oportunidades educativas y formativas de toda la población y que contribuya a la mejora de los resultados educativos del alumnado”.

En el marco de esta renovación, la nueva ley modifica la regulación de la evaluación, la promoción y la titulación, cobrando especial relevancia el claustro docente, que recibe la potestad sobre esos puntos, así como la responsabilidad de concretar los contenidos de cada materia. En este sentido, la LOMLOE propone un modelo de aprendizaje competencial que conlleva la eliminación de los estándares de aprendizaje; un planteamiento que ha suscitado revuelo entre el equipo docente.

Los docentes completarán el currículo

De esta manera, si bien el currículo estatal establece los mínimos que deben aprender todos los alumnos de forma obligatoria en España, la eliminación de los estándares de aprendizaje ha sido criticada por suponer una reducción de la carga de contenidos. Hasta ahora servían de guía y especificaban lo que el alumno debía saber y comprender en cada asignatura.

«Me parece una auténtica barbaridad. Que no se establezcan unos mínimos dará como resultado una total disparidad entre Comunidades Autónomas, incluso entre centros, en lo que a contenidos se refiere», expone Javier Rueda, profesor de Historia de Secundaria y Bachillerato, en su perfil de Twitter. Como él son muchos los docentes que vaticinan diferencias de nivel entre los estudiantes o que critican la falta de concreción.

Y es que, en su afán flexibilizador, la legislación deja la puerta abierta a la forma en la que se implementan los contenidos en el aula. El borrador justifica estas modificaciones en la Ley para permitir “un currículo más abierto y personalizable”. De este modo, otorga mayor autonomía a los centros y docentes para dirigir el contenido específico de cada materia hacia el desarrollo de unas competencias clave que todo alumno debe tener al finalizar sus estudios obligatorios.

Competencias clave y perfil de salida

En esta línea, la misión del docente será hacer al alumno competente, de manera que pueda llevar a la práctica lo que ve en clase y sea capaz de resolver los problemas que se le planteen en su día a día. 

Esas competencias están reguladas por la Unión Europea y se constatan en el ‘perfil de salida’ del alumno que es, explica el borrador, “el elemento que debe iluminar y fundamentar el resto de decisiones curriculares, las estrategias y orientaciones metodológicas en la práctica lectiva y el elemento de referencia de cara a la evaluación interna y externa de los aprendizajes del alumnado”.

Así, las decisiones metodológicas, pedagógicas y de evaluación no deben ir enfocadas a haber aprendido o memorizado un listado de conocimientos (como en la Ley anterior), sino a que los estudiantes finalicen sus estudios obligatorios adquiriendo un perfil que haya desarrollado todas esas competencias.

Las competencias del currículo son las siguientes:

  1. Comunicación lingüística.
  2. Competencia matemática y competencias básicas en ciencia y tecnología.
  3. Competencia digital.
  4. Aprender a aprender.
  5. Competencias sociales y cívicas.
  6. Sentido de iniciativa y espíritu emprendedor.
  7. Conciencia y expresiones culturales.

Docentes como Enrique Guerrero, profesor de Lengua e Inglés, lo ven como una oportunidad. Así lo expresa en un hilo de Twitter en el que defiende estos cambios como una forma de lograr más competencias en el currículo de los alumnos. “Lo que se pretende es que se consigan una serie de competencias y perfiles de salida, no la ‘sabiduría’ de una serie de conceptos y contenidos. Se pretende hacer al alumnado capaz de hacer cosas con lo que sabe”, expone.

Enfoque práctico e interdisciplinar

Con el modelo de aprendizaje competencial la LOMLOE establece así un enfoque más práctico e interdisciplinar. En ese sentido, no se ocupa tanto del qué se enseña sino del cómo se enseña. Y es ahí donde los docentes adquieren una responsabilidad que la comunidad educativa ha puesto en tela de juicio.

Se trata, fundamentalmente, de que los claustros cuenten con mayor libertad para abordar el temario, aunque siempre desde los marcos que se establezcan en los decretos de las Comunidades Autónomas. Esa libertad afecta a los enfoques metodológicos: los centros podrán llevar a cabo programas o actividades que integren el aprendizaje de varias asignaturas en un mismo ámbito de conocimiento.

Pero, ¿están todos los profesores preparados para abordar el temario a través de proyectos interdisciplinares? ¿Cuentan con la formación suficiente para aplicar las diferentes metodologías que hay a su alcance? Eugenia Monroy, profesora de Lengua y Literatura, analiza esta transformación que “integra la escuela con la vida” pero que requiere “un proceso personal de aprendizaje por parte del profesorado. No es como si la ley pone o quita a Quevedo. Es un cambio de concepción. Si no sabes trabajar así, no puedes hacerlo de un día para otro”.

“El cambio de la transmisión de contenidos es una transformación del concepto de escuela, de la cultura de centro, de los roles”, añade Monroy, advirtiendo que “si no se ponen los recursos y las estructuras (tiempos, espacios, dinámicas) para ello, si no se genera el andamio para que todos los actores educativos (desde la administración hasta las familias, pasando por la inspección y el profesorado) arrimemos el hombro, volveremos a caer en la abulia, pero más cansados, más enfadados y con mayor frustración”.