La actividad espontánea, la observación, la manipulación, el juego, el contacto con la naturaleza… Estas actividades fomentan el aprendizaje de todo tipo de habilidades. Y así lo corrobora el enfoque Fröbel, una filosofía educativa desarrollada en el siglo XIX por el pedagogo alemán Friedrich Fröbel que revolucionó la forma de entender la infancia con una idea tan simple como poderosa: el niño es una semilla que florece si encuentra un entorno adecuado. De hecho, esta premisa dio lugar también al término ‘Kindergarten’ o ‘Jardín de Infancia’, un espacio donde los pequeños crecen como plantas en un jardín: con cuidado, atención y libertad. Y es que este educador creía que el aprendizaje debía surgir de la actividad espontánea, principalmente a través del juego. ¿Cómo promoverlo desde los centros educativos?

Las bases de la pedagogía de Fröbel

Este método es pionero en entender la educación de manera integral, considerando que la mente, el cuerpo y las emociones se desarrollan de forma equilibrada. De hecho, en vez de otorgar todo el protagonismo a la enseñanza de contenidos académicos, el enfoque de Fröbel se centra en cultivar la curiosidad y la motivación por aprender; algo que encaja con las demandas de muchos especialistas de una educación más activa, emocional y conectada con el entorno.

Los expertos enumeran, además, otros beneficios: ayuda a desarrollar la autonomía y la motivación natural del niño; favorece el pensamiento creativo y la resolución de problemas; fortalece la autoestima, al dar valor a la exploración y no al error; potencia la socialización y la empatía, al aprender en grupo y al cuidar del entorno; y, sobre todo, devuelve el placer de aprender.

enfoque Fröbel

Para aplicarlo en los centros es esencial emplear elementos como la música, las historias, las manualidades, el movimiento, la observación del entorno, la colaboración y mucha creatividad. 

Por eso, esta pedagogía se basa en tres principios: el niño es el protagonista y aprende a su propio ritmo acompañado por el docente, que actúa como guía en el proceso de la educación y deja libertad al estudiante; el entorno actúa como un maestro que invita a explorar, experimentar y cuidar de lo vivo; y el concepto de juego-trabajo invita a aprender a través de materiales sencillos (llamados ‘dones’ o regalos) gracias a los que los menores construyen, desarman, inventan y descubren conceptos matemáticos, espaciales o artísticos sin darse cuenta. 

Cómo implementarlo en los centros educativos

Aplicar este enfoque implica construir una cultura de centro centrada en el niño y donde se priorice una planificación de tiempos más flexibles, se fomente la innovación pedagógica y se faciliten recursos para trabajar con materiales manipulativos y experiencias en la naturaleza. Algunas medidas que pueden establecerse desde dirección para ayudar en este cometido son:

  • Diseñar aulas vivas con rincones de exploración e invertir en materiales de calidad que fomenten la exploración de principios de forma, número y causalidad, integrando el diseño y la manipulación en el aula.
  • Incorporar el juego libre, la actividad espontánea y el trabajo por proyectos, dejando que los niños propongan y decidan.
  • Revalorizar el patio o el jardín como lugar de aprendizaje, no solo de recreo, y desarrollar programas de educación al aire libre incorporando la jardinería y el aprendizaje basado en la naturaleza como parte del plan de estudios. 
  • Involucrar a las familias como parte del proceso educativo, creando una comunidad que acompaña el crecimiento.
  • Formar al profesorado en observación, escucha y acompañamiento respetuoso, más allá de la enseñanza dirigida.