La literatura juvenil gana peso en las aulas como herramienta para trabajar la identidad y la empatía adolescente

La literatura juvenil tiene potencial para convertirse en un recurso pedagógico que favorece el diálogo, el pensamiento crítico y el desarrollo emocional del alumnado, más allá de su uso académico tradicional. Así lo cree Loqueleo, el sello de literatura infantil y juvenil de Santillana, que destaca el papel clave de los docentes a la hora de elegir lecturas adaptadas a la edad y al momento vital del alumnado.

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Loqueleo, el sello de literatura infantil y juvenil de Santillana.

La literatura juvenil se consolida como un recurso educativo clave para acompañar a los adolescentes en una etapa marcada por la búsqueda de referentes, la construcción de la identidad y la necesidad de comprensión. En el contexto escolar, su incorporación al aula se plantea cada vez más como un espacio de encuentro y reflexión, además de como una herramienta académica. “Los libros ofrecen a los adolescentes historias en las que verse reflejados y también conocer realidades distintas. Además, fomentan su creatividad, despertando su capacidad de imaginar mundos, situaciones y soluciones nuevas”, explica Yolanda Caja, directora editorial de Loqueleo, el sello de literatura infantil y juvenil de Santillana.

A través de los personajes, los conflictos y las decisiones que aparecen en las narraciones, los estudiantes exploran temas como la identidad, la amistad, el amor, la diversidad, la justicia o el miedo al fracaso. “Leer les permite poner nombre a emociones propias, a explorar su propia identidad y valores, comprender las emociones ajenas y desarrollar una mirada más empática hacia el mundo que les rodea”, afirma Caja. Este proceso favorece la construcción de valores y el fortalecimiento de la autoestima, al tiempo que estimula la creatividad y la imaginación.

Loqueleo, el sello de literatura infantil y juvenil de Santillana.

Otro de los beneficios señalados es el impacto en las habilidades cognitivas. La práctica lectora exige atención sostenida, lo que refuerza la concentración, la autodisciplina y la capacidad de análisis del alumnado. En el aula, además, la literatura juvenil abre la puerta a conversaciones que trascienden el argumento del libro. “Hablar de lo que sienten los personajes, de por qué actúan de determinada manera o de qué harían ellos en su lugar favorece el pensamiento crítico y el respeto por opiniones diversas”, puntualiza la directora editorial de Loqueleo. De este modo, la lectura compartida se convierte en una experiencia colectiva que refuerza el vínculo entre el alumnado y genera un clima de confianza, además de ayudar a comprender mejor el contexto cultural.

La labor del docente, clave

La selección de lecturas resulta, en este enfoque, un elemento esencial. Elegir obras adaptadas a la edad y al momento vital del alumnado, con lenguajes y temáticas cercanas, es considerado el primer paso para favorecer la conexión con los textos. A ello se suma la importancia del diseño editorial, con tipografías accesibles y ediciones claras que faciliten la inmersión lectora y eliminen barreras innecesarias. 

Iniciativas editoriales como Loqueleo apuestan por catálogos diversos y actuales que dan voz a distintas realidades y sensibilidades. Esta variedad permite que cada estudiante encuentre lecturas con las que identificarse y, al mismo tiempo, cuestionar sus propias certezas.

Trabajar la literatura juvenil desde este enfoque ayuda a construir aulas más abiertas, donde la lectura no es solo una tarea escolar, sino una herramienta para conocerse mejor, dialogar y crecer, porque “cuando los libros entran en la vida de los adolescentes de forma significativa, dejan de ser una obligación y se convierten en una experiencia que los acompaña más allá del aula”, concluye Caja.

(Esta noticia ha sido elaborada en colaboración con Loqueleo)
Ana Ayala
Redactora jefe de la revista EDUCACIÓN 3.0
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Periodista de vocación, formación y profesión, y con cerca de 40 años de experiencia, desde los últimos 15 estoy vinculada al ámbito de la educación y la tecnología. Mi pasión es juntar letras para contar historias, como ha afirmado un referente periodístico, Juan Cruz, porque creo que el periodismo --sea el que sea el campo en el que estés especializado y ya sea redactando noticias o reportajes, entrevistando o editando-- debe basarse en documentación, investigación y búsqueda de fuentes de referencia y contrastadas con el objetivo de que el lector, a quien, en definitiva, nos dirigimos, pueda tomar sus decisiones o avanzar profesionalmente. Este es el caso de la educación para conseguir, así, una sociedad mejor.
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