Cada año fallecen en nuestro país entre 40 y 50 niños por ahogamiento, según datos de la asociación canaria ‘1.500 km de Costa’. Y que sepan defenderse en caso de caer al agua por accidente puede suponer una gran diferencia. Pero más allá de eso, los expertos en desarrollo infantil coinciden en que el aprendizaje temprano de la natación tiene un impacto muy positivo: influye de manera directa en su autonomía, en su desarrollo físico y emocional, mejora su condición física y refuerza su confianza en el medio acuático. Se trata, por lo tanto, de mucho más que aprender técnicas concretas como la braza o el crol: es construir desde sus primeros años de vida una relación segura y positiva con el agua.
Y además de acudir con ellos a clases de matronatación –que suelen comenzar incluso antes de que el bebé cumpla su primer año– o apuntarles a clases de natación, las familias también pueden aprovechar sus tardes de baño en la piscina para poner en práctica sencillos juegos y actividades para que ganen confianza y soltura en el agua.
Recomendaciones principales
En la página web Escola de Salut, del Hospital Sant Joan de Déu, las familias tienen a su disposición el artículo ‘Cómo enseñar a nadar a los niños’ de la médico deportivo y cirujana Eva Ferrer. La especialista explica que enseñar a nadar es un proceso que debe centrarse, ante todo, en generar confianza y familiaridad con el agua de forma progresiva y respetuosa. A partir de aquí, sugiere los siguientes consejos:
- Es importante que el niño o niña vea a otros menores jugando en el agua y disfrutando antes de invitarle a entrar, de manera que despierte su curiosidad y ganas de participar. Si al hacerlo llora, conviene no insistir demasiado: es preferible sacarlo del agua al cabo de pocos minutos, permitirle observar desde fuera mientras juega con cubos, regaderas o juguetes flotantes, y repetir el acercamiento poco a poco. Una vez que acepta estar en el agua sin miedo, el siguiente paso es ayudarle a familiarizarse con la respiración y la flotación a través del juego. Hay actividades tan sencillas como verter agua sobre su cabeza con una regadera o un cubo para que aprenda a contener la respiración de manera natural.
- También es útil animarle a soplar o hacer burbujas en el agua, acercando primero la boca y luego la nariz para cubrirlas poco a poco, lo que le permite experimentar con la apnea de forma divertida y segura. A medida que se sienta más cómodo, se introducirán pequeñas inmersiones, siempre supervisadas por un adulto, así como juegos que consisten en recoger objetos del fondo de la piscina en los que se combina el reto de sumergirse con la motivación del juego.
- En paralelo, es fundamental que el menor descubra que el agua puede sostenerle. Al principio, esto se hace sujetándolo suavemente mientras el pequeño se coloca en horizontal, ayudándole a notar cómo flota.
- Después, hay que incorporar el uso de churros o tablas para aprender a mantener el equilibrio mientras desplazan las piernas.
Juegos y actividades para aprender a nadar divirtiéndose
A continuación, se proponen varios juegos y actividades para que las familias practiquen con sus hijos mientras aprenden a nadar y se manejan en el agua.
Pescar juguetes del fondo
Consiste en lanzar al agua objetos de plástico que caigan lentamente para que los menores buceen y los recojan. Este juego les ayuda a aguantar la respiración por un corto tiempo, mejorando su orientación bajo el agua.
Caminando como animales
En la parte donde hagan pie en la piscina se les propone moverse por el agua imitando animales: caminar de lado como un cangrejo, arrastrarse como un cocodrilo o mover rápido las piernas como un caballito de mar. Esta actividad ayuda a mejorar el equilibrio, la coordinación y la fuerza mientras se divierten.
Soplar burbujas
Una actividad para mejorar la respiración es que sumerjan la boca en el agua y soplen para crear burbujas. Con el tiempo, es posible aumentar la dificultad pidiéndoles que también metan la nariz. Este ejercicio les ayuda a controlar la respiración y a perder el temor a sumergir el rostro.
La estatua bajo el agua
Se les propone sumergirse y mantenerse inmóviles como estatuas durante varios segundos. Ayuda a desarrollar el control del cuerpo y la capacidad de contener la respiración bajo el agua.
Carrera de flotadores
Cada niño, con su flotador o su churro de piscina, compite para llegar primero a la meta. Se potencia el movimiento de las piernas y se mejora la coordinación motora, entre otros beneficios.